miércoles, 4 de enero de 2012




Sigue la estrella


Al celebrar la Fiesta de la Epifanía, tenemos la oportunidad de descubrir cómo ser mejores hombres hoy. Por eso seguimos la estrella
Esta fiesta tiene dos nombres: Epifanía o Manifestación del Señor. También se conoce como la fiesta de los Reyes Magos, a los que el Señor se manifestó.
No estudiamos aquí el fenómeno de la estrella. Tampoco la personalidad de los Magos, sino su actitud. El hecho lo cuenta San Mateo. Llegaron unos Magos a Jerusalén, preguntando por el nacido rey de los judíos, pues habían visto su estrella en Oriente y venían a adorarlo.
Porque son diversas las actitudes de los hombres ante la llamada de Dios. "Cuando un dedo señala una estrella, todos los tontos sólo miran al dedo". Quizá la estrella fue visible en toda la región. Pero muchos no levantaron la visita y no la vieron. Quizá muchos vieron la estrella, pero no la siguieron. Quizá algunos la vieron y la siguieron, pero les faltó constancia y desistieron.

Los Magos, en cambio, vieron la estrella, se pusieron en marcha, se enfrentaron al simún del desierto, y llegaron hasta el final. "No se pusieron en camino, dice San Juan Crisóstomo, porque hubieran visto la estrella, sino que vieron la estrella porque se habían puesto en camino, como premio a su generosa actitud".
La estrella se les ocultó por algún tiempo. Es la noche oscura del alma. Pero ellos no cejaron en su empeño y la estrella les condujo hasta Belén. El premio fue maravilloso: se encontraron con Dios. "Entraron en la casa y vieron al Niño con María su madre, y postrándose, lo adoraron, y abriendo sus tesoros le ofrecieron oro, incienso y mirra".

Fue una dura prueba. Pero el Señor les iluminó. Entraron y adoraron. Creyeron y abrieron los tesoros de su generosidad: oro como a rey, incienso como a Dios, mirra como a hombre. Le entregaron todo. Este fue su mérito, "que Dios no mira tanto lo que le damos, cuanto lo que nos reservamos para nosotros", dice San Ambrosio.

Creyeron que aquel pobre infante era el Mesías, descubrieron en aquel niño desvalido al Dios Salvador. Superaron las pobres apariencias, algo que pocos saben hacer.

"Siempre los buscadores de Dios se equivocan, no porque se lo imaginen menor de lo que es, sino porque se lo imaginan más inflado. Dios es grande, no inflado" (Martin Descalzo). Los hombres no recibieron a Cristo, porque "esperaban un carabinero y vino un bebé" (Bernanos). Pero "sólo el humilde es el verdadero", dice Jorge Guillén.

Según la tradición más frecuente, fueron tres los Reyes Magos, y se llamaban Melchor, Gaspar y Baltasar. Herodes les había rogado con mala intención que volvieran a él, pero "volvieron a su tierra por otro camino". Fulton Sheen aclara: "Nadie que alguna vez se encuentre con Cristo con buena voluntad, volverá por el mismo camino por el que llegó".

La lección de los Magos es válida siempre. Nos enseñan alteza de miras para ver la estrella, intrepidez para seguirla y constancia para llegar hasta el fin. "¿Por qué hay hombres, escribe Karl Rhaner, parecidos a los escribas de Jerusalén que conociendo el camino no lo emprenden? ¡Deja todos esos calculadores y sigue la estrella que brilla en tu corazón!"

Otro mensaje nos regalan los Magos.
El poeta inglés Anden, en un poema sobre Navidad presenta a los tres Magos motivando su viaje:
El primero dice: Debo saber cómo ser verdadero hoy. Por eso sigo la estrella.
El segundo dice: Quiero descubrir cómo vivir hoy. Por eso sigo la estrella.
El tercero dice: Necesito averiguar cómo amar hoy. Por eso sigo la estrella.

Al final afirman los tres: Debemos descubrir cómo ser hombres hoy. Por eso seguimos la estrella.



3 actitudes ante la estrella


Como telón de fondo, un paisaje con palmeras y camellos. Unos "magos" buscan,  alertados por una estrella, al "Rey de los judíos que ha nacido".
Y la Iglesia se siente misionera, al pensar que ese Niño viene para salvar también a los  que estaban lejos: "Tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos". "También los  gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo~.

Se dan tres actitudes ante esa estrella que anuncia:

- Herodes: se sobresalta. Ese Niño es un peligro. Es demasiado libre ante el dinero, ante  el poder. Puede socavar los cimientos del orden establecido. Hay que acabar con él. Y sigue resonando, hoy, en el mundo el llanto de los inocentes. Tanta libertad y tanta  limpieza siguen, hoy, chocando con demasiados intereses creados. No se puede consentir  que alguien busque otro orden de cosas, que se salga de la zona controlada. Es peligroso.

- Los entendidos: "Convocó a los sumos sacerdotes y a los letrados del país y les  preguntó dónde tenía que nacer el Mesías". Ellos lo saben, y lo dicen: pero se quedan en  casa. Una llamada aquí a los "profesionales" de la palabra y del consejo: sacerdotes,  educadores, religiosos, padres de familia, catequistas... No todo consiste en saber. Dar un  buen consejo nunca fue difícil: lo difícil es ir delante. ¡Qué triste orientar a otros y quedarse en tierra! 

- Los magos: se dejan cuestionar por la estrella. Dejan su rincón confortable y se ponen  en camino. Buscan, preguntan, no se desaniman. Finalmente, son capaces de saltar las apariencias y reconocerlo: "Vieron al Niño con  María, su Madre, y cayendo de rodillas lo adoraron". La fe como aventura maravillosa; como llamamiento a salir de nuestro rinconcito caliente;  como invitación a buscar, a aceptar los trocitos de verdad que nos van dando los otros, a  no desalentarnos cuando la estrella se esconde cuando Dios guarda silencio. La fe como  un abrir los ojos de dentro y ver las cosas de otra manera, con una profundidad distinta: a la  manera de Dios. La fe como un aprender a descifrar su Palabra, que nos llega en otra  clave; a descubrir su rostro en el otro, su huella en la vida, su amor en el sufrimiento.

Jorge Guillén García (Al hilo de la Palabra)
Fuente: http://reflejosdeluz11.blogspot.com/

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